EL PROBLEMA DE LA ESCASEZ DEL AGUA EN AGRICULTURA
El control del agua de riego resulta una manifestación del poder, los que controlan el agua son los que controlan todo. En teoría el control debería de ser público a través de las Comisarías de Aguas y las Confederaciones Hidrográficas, pero en la realidad no ha sido así.
Al ser el agua una fuente de poder, las clases sociales más altas han intentado controlarla realmente, o al menos legalmente, ya que la posesión de un papel (concesión) no quiere decir que se posea el agua.
La puesta en regadío de amplias extensiones en la zona de Retamar (municipio de Almería, junto al Parque Natural de Cabo de Gata Níjar), para la construcción de invernaderos, se justificó con la aportación de agua de Lucainena (a varios kilómetros de la explotación), y durante varios años otorgaron concesiones de aguas subterráneas para riego procedentes de este municipio, que no se han llegado a contabilizar totalmente y que evidentemente no existen. Sin embargo, la concesión sí que sirvió para justificar la transformación en regadío de una amplia superficie que al final se está regando con agua que viene de lugares distintos a los autorizados, y cuyo riego se intentó legalizar.
Los propietarios con recursos se pueden valer de estrategias diversas para justificar sobre el papel la existencia del agua, y una vez transformado el terreno ya se verá de dónde se consigue. Si las tierras se parcelan y se venden a pequeños empresarios agrícolas, el problema social se traspasa a la Administración, que hará todo lo posible para que tengan agua, aunque sea mirando para otro lado ante ciertas situaciones. Los pequeños propietarios, tienen bastante más difícil transformar sus tierras en regadío, ya que les cuesta mucho más justificar la procedencia del agua o la rentabilidad de construir kilómetros de conducciones para llevar el agua a su explotación.
Las grandes empresas o los grandes propietarios son los que tienen más fácil justificar costosos proyectos para conseguir agua, bien sea trayéndola de otras zonas o a través de desaladoras, y además pueden asumir sin problemas los costes de los proyectos técnicos. Y si, además, consiguen convencer al resto de la población de que sus problemas son los de todos, mucho mejor.
En el tema del agua hay un descontrol en el que todo el mundo intenta solucionar sus problemas sin preocuparse por los de los demás y aquí los más pudientes al disponer de más recursos lo tienen más fácil. La situación sólo genera conflictos en situaciones flagrantes, tales como el que al profundizar un sondeo más de lo autorizado, o aumentar la potencia de los motores, deje sin agua a todos los de alrededor. Y si alguien se construye una desaladora y vierte la salmuera en cualquier lugar, como los efectos inmediatos no se notan, no pasa nada.
Las Comunidades de Regantes, que se supone que deberían de funcionar ejemplarmente, por su estructura, en muchos casos no lo hacen. Las decisiones en las Comunidades de Regantes se toman por votos, pero los votos que tienen los propietarios dependen de la extensión de tierras que posean, esto supone que estas instituciones no son democráticas ya que están controladas, cuando hay, por los grandes propietarios. Las Comunidades de Regantes del Campo de Dalías y de Níjar suelen tener un comportamiento democrático en la toma de decisiones al estar la propiedad muy repartida, llegándose en muchas ocasiones a un voto por regante independientemente de la extensión de su propiedad, aunque esto no se recoja en sus estatutos. No ocurre lo mismo en el Levante, donde sí que hay grandes propietarios que controlan las Comunidades de Regantes.
El ejemplo está en el tema del trasvase del Ebro, fuertemente apoyado por las Comunidades de Regantes del Levante y apenas por las grandes Comunidades de la Provincia del Campo de Níjar y de Dalías, las zonas de “invernaderos”.
LA DESALACIÓN
Se ha llegado a plantear que la desalación sería más barata y asumible que el trasvase, pero el que sea más barata y asumible no quiere decir que sea la solución para los problemas hídricos del Levante Peninsular. Hay que insistir en la necesidad de ahorrar, controlar las demandas, mejorar la gestión y, sólo como última solución, pensar en la desalación, ya que ésta tiene unos costes económicos y medioambientales muy importantes.
Aunque hay muchas formas de desalar agua, el método más barato en la actualidad es el de ósmosis inversa. Este método permite desalar tanto aguas salobres como marinas, eso sí, en la medida en que la salinidad aumenta se eleva el coste de la desalación del agua. El coste de desalar aguas salobres oscila entre 0,21 y 0,36 euros/m3, y el de aguas marinas entre 0,50 y 0,79.
Hay que tener muy en cuenta que en el proceso de ósmosis inversa, cuando el agua pasa por las membranas se elimina la sal, y no se puede dejar un poco de sal. Esto es importante, porque para ciertos cultivos, en palabras de un agricultor “es un agua demasiado buena”, que hay que mineralizar (echarle sal) para poderla utilizar, o mezclarla con aguas más salobres como se quiere hacer en el Campo de Níjar,
por lo que los 42 Hm3 de la planta de Carboneras, al mezclarse con aguas más salobres de pozos suponen un volumen disponible bastante mayor que el agua desalada producida.
Las plantas de ósmosis inversas funcionan con electricidad, por lo que indirectamente y dado que la energía eléctrica se obtiene, aunque sea en parte, consumiendo combustibles fósiles, contribuyen al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Para desalar 1 m3 de agua de mar se consume el equivalente a un kilo de petróleo en energía eléctrica, 3,5 kv. La desaladora de Carboneras con una capacidad de 42 Hm3, consumiría el equivalente a 42.000 Tn de petróleo. Teniendo en cuenta que los precios de la energía, petróleo y gas natural, son altos cada día y no parece que se vayan a reducir mucho, cabe esperar que el coste de la desalación suba, ya que el porcentaje correspondiente a la energía es el mayor de todo el proceso.
Las plantas de ósmosis inversa no aprovechan el 100 % del agua; en parte se rechaza con un incremento de su salinidad. Las plantas desaladoras de aguas marinas tienen una eficiencia de entre un 35-45 %, (es decir que de cada 100 litros rechazan entre 55 y 65), eficiencia que puede llegar al 60 % si utilizan aguas salobres. Además los vertidos de estas plantas, bien sea en el medio marino o en tierra, pueden llegar a plantear importantes problemas medioambientales. Organismos marinos sensibles a las variaciones de salinidad, como las praderas de Posidonia, pueden verse afectados por estos vertidos. Si el vertido se lleva a cabo en tierra, al final puede acabar incrementando la salinidad de los suelos o de los acuíferos, por lo que en zonas con problemas de sobreexplotación no es un método recomendable.
Las que sí funcionan son las desaladoras de aguas salobres, en Almería hay instaladas muchas plantas de este tipo, algunas grandes, como la de
Cuevas de Almanzora. Pero hay que tener en cuenta que el coste de desalar aguas salobres es bastante menor que el del agua de mar; y que en un acuífero sobreexplotado las desaladoras agravan la situación de sobreexplotación. Por esta última razón las grandes desaladoras previstas son de agua marina.
La provincia de Almería tiene una larga tradición en desalación, sobre todo por ósmosis inversa. Existen numerosas empresas que se dedican a instalar plantas de pequeño y mediano tamaño por toda la geografía provincial, sobre todo para usos agrícolas. Es difícil establecer un censo de este tipo de plantas, ya que al ser pequeñas instalaciones se camuflan fácilmente, y hay que suponer que se mueven en el límite de la legalidad, pues sus usuarios por lo general ni se han planteado el pedir autorizaciones para el vertido de las salmueras.
Cuando el agua para desalar se extrae de acuíferos sobreexplotados, caso de casi toda la provincia, la sobreexplotación suele aumentar la salinidad de las aguas subterráneas, por lo que estas plantas aumentan la sobreexplotación y a la vez la salinidad del acuífero, ya que la salmuera de rechazo se vierte sin ningún tipo de control y al final acaba retornando.
En cuanto a las grandes plantas, habría que distinguir entre las que desalan aguas salobres y las que tratan aguas marinas. En el primer caso hay dos desaladoras en el Levante, una en Cuevas, de la Comunidad de Regantes de esta localidad con una capacidad de 10 Hm3 anuales, y tres más pequeñas en Pulpí con una capacidad total de 3 Hm3 anuales. Además de otra pequeña (1.000 m3 diarios) en Cabo de Gata, para el abastecimiento de esta localidad.
Se ha intentado llegar a un acuerdo entre el Ayuntamiento de Almería y las Comunidades de Regantes del Poniente para que estas asuman una parte del coste del agua desalada, se supone que a cambio de que el Ayuntamiento de Almería deje de extraer agua de los pozos de
la Rambla Bernal. La inevitable utilización política del agua ha llevado a políticos del poniente a decir que los agricultores de la zona no tienen porque pagar el agua para Almería. Teniendo en cuenta que Almería tiene una concesión del pantano de Benínar para su abastecimiento, agua que se utiliza para riego en el Campo de Dalías, como compensación Almería capital bombea el agua de los pozos de la Rambla Bernal, por lo tanto parece razonable que el Ayuntamiento de Almería y las Comunidades de Regantes del Poniente lleguen a un acuerdo para gestionar el agua de la mejor manera posible.
Según la publicación de la Consejería de Medio Ambiente titulada “Praderas de fanerógamas marinas en el litoral andaluz”, en la costa norte almeriense, desde el límite con Murcia hasta Cabo de Gata se han localizado praderas de Posidonia Oceánica continuas por todo el litoral con algunas interrupciones, praderas que pueden verse afectadas por los vertidos de salmueras, de las desaladoras situadas en la costa (Carboneras, Pulpí, y Cuevas).
El principal coste de la desalación es el precio de la energía, y para solucionar este problema ya se ha propuesto el que las nuevas plantas deberán de funcionar con energías alternativas, aunque plantea nuevos problemas. Uno de carácter general, que es el que las energías alternativas deberían ser, en primer lugar, para sustituir las fuentes actuales que consumen combustibles fósiles y no para justificar nuevos consumos. Otro problema de carácter técnico, es que estas instalaciones consumen mucha energía por lo que las plantas, solares o eólicas, tendrían que ser bastante grandes y, además, las desaladoras tendrían que estar enganchadas a la red eléctrica ya que la energía eólica no está siempre disponible. Otra posibilidad sería recurrir a la incineración de residuos para obtener calor o producir electricidad para desalar agua de mar. Estos residuos podrían ser orgánicos agrícolas, plásticos, o las dos cosas, y todo lo que se pueda quemar, bien sea en incineradoras o en plantas gasificadoras, de esa forma se podrían abaratar los costes de la desalación. Esta última alternativa es medioambientalmente impensable, ya que supondría una siembra de incineradoras por toda la superficie provincial, sobre todo en la costa, lo que convertiría a Almería en una de las provincias con más desaladoras e incineradoras del país, y no contribuiría precisamente a la buena imagen de nuestros productos ni para el turismo.
LOS TRASVASES
Hoy resulta evidente que el trasvase del Ebro no era la solución de los problemas hídricos de Almería, pero no sólo por cuestiones ambientales, sino fundamentalmente económicas, el agua era de mala calidad y cara. La explicación del empeño de algunos sectores en mantener a toda costa el trasvase del Ebro, está en que se llegó a decir que este agua sería prácticamente gratis, ya que una vez hecha la infraestructura los costes de ésta y de su funcionamiento los asumirían la Unión Europea y el Estado.
Además,
en Almería hay experiencia de trasvases (Tajo-Segura), que aunque poca, aportan agua barata y de desaladoras que no funcionan y cuando lo hacen el agua es más cara.
En Almería, pequeños trasvases poco conocidos son los de los canales de Fuente Nueva y San Fernando que envían agua del Río Adra al Campo de Dalías y que tienen su origen a finales del siglo XIX y principios del XX. En fase de proyecto quedó el trasvase del Guadalfeo al Río Adra y al Campo de Dalías, aunque recientemente se ha vuelto a plantear.
Los Trasvases existentes en la actualidad, aparte de los citados, son:
El de Pantano de Benínar (Río Adra) al Campo de Dalías. El precio del agua de este embalse se sitúa en menos de 0,10 € m3.
Rambla de Bernal-Almería-Bajo Andarax. Los caudales de Benínar destinados a abastecer a Almería capital, se están utilizando para regar el Campo de Dalías, de manera que para compensar esta “cesión” el Campo de Dalías suministra agua de una cierta calidad para el abastecimiento de Almería.
El agua se extrae de pozos en la Rambla de Bernal. Este agua, una vez usada, se trata primero en la depuradora de Almería, después en la planta de Ozono de Cuatro Vegas para hacerla apta para el riego de hortalizas y finalmente se utiliza en los cultivos de La Cañada, El Alquián y Retamar.
Tajo Segura. El agua de este trasvase llega a la zona de El Saltador, la concesión supone aproximadamente unos 15 Hm3 anuales (puede variar) que se destinan a riego y abastecimiento.
Pantano de Negratín-Pantano de Cuevas para trasvasar un máximo de 50 Hm3 anuales, tanto para abastecimiento como para riego.
Además de otros:
1.- La autovía del agua Pantano de Cuevas-Pantano de Benínar para de redistribuir los posibles excedentes en estos pantanos.
2.- Pantano de Rules-Pantano de Benínar, que podría añadir además los “excedentes” de los ríos Trevélez y Cadiar y enviar unos 40 Hm3 anuales. Este trasvase se enfrenta, además de la oposición de los grupos ecologistas, con la de los habitantes de la zona.
3.- Otra posibilidad es el trasvase del agua que no utiliza la Comunidad de Regantes de Cuatro Vegas, procedente de la Depuradora de Almería, al Campo de Níjar.
4.- También sería posible recuperar antiguos sistema de riego, como las boqueras que tomaban el agua de los ríos, cuando había, para utilizarla en cultivos. Por ejemplo, la Vega de Acá de Almería que se regaba de esta manera, se ha convertido en suelo urbano por lo que el agua y las instalaciones de riego están abandonadas, cabría la posibilidad de realizar una toma en el cauce, más arriba y enviar el agua hacia la Vega de Allá o más hacia el Este. Esta situación se repite en más casos en los que antiguas zonas de cultivos han desaparecido convertidas en suelo urbano.
LA DEPURACIÓN DE AGUAS RESIDUALES
Aunque para satisfacer la demanda urbana serían necesarios 60 Hm3, realmente estos usos, más que consumir el agua lo que hacen es ensuciarla, por lo que estas aguas debidamente tratadas podrían tener otros usos, lo que debería de contribuir a reducir el déficit existente.
En una zona árida como Almería, con los “problemas” hídricos de que se habla, cabría esperar que se reutilizase todo lo posible, sin embargo no es así, y la depuración se está usando para crear nuevas demandas.
En teoría, todos los grandes núcleos urbanos depuran sus aguas residuales, pero en toda la provincia solamente el de Almería capital se ha dotado de los medios necesarios para poder reutilizar las aguas depuradas. En ocasiones se dice que las aguas depuradas se van a usar para riego de campos de golf, pero esto no suele ser cierto y cuando se hace es en una pequeña proporción del volumen utilizado. Las depuradoras no suelen depurar hasta el nivel de permitir la reutilización de las aguas tratadas, por lo que éstas suelen acabar en el mar o en las ramblas y ríos, en muchas ocasiones sin depurar.
Hay campos de golf, con urbanización, que cuando se llevaron a cabo se planteaba que las aguas residuales de la nueva urbanización servirían para regar el campo de golf, por lo que el incremento por este nuevo consumo no sería tan grande. Se han construido incluso las instalaciones para depurar y poder regar, pero al ser la ocupación de estas urbanizaciones estacional, a lo largo del año no suele haber aguas depuradas suficientes para regar el campo de golf, por lo que se acaba extrayendo de pozos.
Hay muchos núcleos pequeños y medianos que pese a tener sus depuradoras, éstas no funcionan, por lo que las aguas residuales se vierten donde se puede y en algunas ocasiones estas aguas residuales sin depurar se han utilizado para riego.
El único núcleo urbano que depura sus aguas residuales hasta un nivel que casi permite su utilización para riegos hortícolas es el de Almería. Hay que tener en cuenta que para regar hortalizas que se consumen en crudo la calidad del agua tiene que ser bastante buena. Por lo que las aguas de Almería una vez depuradas se envían a la planta de ozono de la Comunidad de Regantes de Cuatro Vegas, y una vez tratadas aquí se destinan al riego de los comuneros de esta institución. La capacidad de tratamiento de la planta de ozono es de 30.000 m3 diarios, unos 10 Hm3 anuales.
La depuradora de El Toyo, obra emblemática de los Juegos del 2005, también en Almería, vierte las aguas residuales depuradas en una rambla cercana. Los núcleos del Poniente, los mayores de la provincia después de la capital, Roquetas de Mar, El Ejido, Adra, Aguadulce, … no depuran sus aguas residuales para permitir su reutilización, aunque hay que decir que una pequeña parte se estaba utilizando para el riego de campos de golf. El Plan Integral de Saneamiento y Depuración del Campo de Dalías, prevé la ejecución de cuatro plantas de depuración con tratamiento terciario para la utilización directa de riego de los efluentes depurados, lo que supondría un volumen en torno a los 12 Hm3 anuales. En el Levante, no se reutilizan las aguas residuales.
La falta de infraestructuras de depuración en pequeños núcleos y áreas de hábitat disperso que utilizan fosas sépticas, está provocando en muchas zonas una contaminación difusa que hace peligrar la calidad de los acuíferos.
En el terreno de la depuración de aguas residuales, dado el precio al que se va a poner el agua se deberían de tomar medidas urgentes para permitir aumentar la calidad de las aguas depuradas de manera que sea posible su reutilización, bien sea para riegos agrícolas, de zonas verdes, o en último caso que se reinyecten en los acuíferos una vez depuradas y con las más estrictas medidas higiénico sanitarias. Por esta vía se debería de reutilizar no menos de 30 Hm3. No obstante las previsiones se limitan a 20 Hm3, incluyendo los de Almería.
SE PUEDE AHORRAR
En los invernaderos es habitual el riego por goteo, y en las lechugas se utilizan cada vez más los cultivos hidropónicos, que reutilizan el agua hasta el límite. En el cultivo de lechugas, por ejemplo, la planta no toca la tierra, las raíces están en sacos por las que circulan líquidos con los nutrientes, por lo que en el momento de recolectar es suficiente con separar la lechuga de la bolsa cortar las raíces y envasar la lechuga directamente. El riego, los nutrientes y otras sustancias se aplican bajo el control de un sistema informático, por lo que las necesidades de mano de obra son mínimas.
Con las tecnologías en uso es bastante difícil ahorrar agua, es posible pero poco probable, ya que la inversión para rebajar los consumos directamente en los cultivos sería muy alta. Además, en la medida en que el cultivo se intensifica, es decir se produce más, las necesidades de agua aumentarán.
Donde sí se podría incidir el ahorro, es en las redes de riego y almacenamiento. En este sentido, prácticamente todas las Comunidades de Regantes importantes están haciendo inversiones de mejora en la red de riegos, que en lo fundamental consisten en sustituir las redes antiguas por nuevas que intentan eliminar las pérdidas, y poner contadores a los usuarios finales de manera que estos paguen por el volumen de agua consumida, en vez de “por horas de riego” como era habitual. Además en la forma de almacenamiento, en balsas, al ser la superficie total de balsas muy grande y las temperaturas altas se produce una elevada evaporación. En este sentido al ser las Comunidades de Regantes capaces de satisfacer la demanda del agricultor en el momento en que se produce, cabría esperar que las balsas pequeñas de cada agricultor dejasen de tener sentido y se redujese la superficie total de las balsas, esto parece que no está siendo como se esperaba, aunque sí se están cubriendo para evitar las pérdidas por evaporación y la posible contaminación del agua almacenada.
Existen ordenanzas municipales que obligan a los invernaderos a tener un sistema de recogida de pluviales para almacenarlos en las balsas y utilizar este agua para riego. Se ha redescubierto la función de los aljibes, y esto supone un cierto ahorro de agua, aunque disminuye la recarga del acuífero.
Las zonas de riego tradicionales se suelen regar también con sistemas tradicionales que consumen más aguas, pero si se quieren mantener los agropaisajes tradicionales hay que conservarlos tal y como están. Hay que tener en cuenta que en una zona árida como Almería cualquier punto de agua, aunque sea una acequia o una balsa descubierta o pérdidas en una tubería, se convierte en un oasis para los animales. Si se acaba con todas estas “pérdidas”, se acabará también con interesantes ecosistemas, por lo que los planes de mejora de regadíos, especialmente en las zonas del interior deberían de tener en cuenta estos aspectos. Las pérdidas en las redes de riego, aunque en parte se evaporen, en parte se convierten en retornos a los acuíferos. El tan criticado riego a manta, si bien supone un “despilfarro” de agua, cuando se riega se pueden ver grupos de aves como las garcetas, que aprovechan para alimentarse, si se quiere conservar esa diversidad biológica asociada a la actividad tradicional humana hay que conservar estos sistemas, aunque evitando su ampliación.
En lo referente a los usos urbanos, aunque suponen sólo una pequeña parte de los consumos totales de agua se puede mejorar la gestión y evitar las pérdidas en las redes de abastecimiento, en el caso de Almería, por ejemplo, llegan al 30 %, así como reciclar el agua hasta el nivel necesario para permitir su reutilización para riegos agrícolas o de zonas verdes.
Y además de ahorrar, se puede conseguir la mejora en la recarga de los acuíferos subterráneos. En este sentido, además de evitar que en las zonas de recarga se lleven a cabo actividades que los puedan contaminar, se pueden realizar obras que disminuyan la velocidad del agua, sobre todo en los cauces para que dé tiempo a su filtración en el terreno, así, a la vez que se mejora la recarga, se consigue paliar los riesgos de avenidas, frecuentes en la provincia.
Autor: Fernanda
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