RUTA DE LOS CATAROS EN EL SURESTE DE FRANCIA
LA RUTA DE LOS CATAROS EN EL SURESTE DE FRANCIA
La zona cátara está situada al sureste de Francia y sus ciudades principales son Narbona y Carcasona.
Se puede ir en coche desde Barcelona, vía Perpiñán hasta Narbona y seguir por la autopista A-61 hasta Carcasona. En avión, el aeropuerto más cercano es el de Tolouse.
Esta zona es la llamada zona de Languedoc-Rosellón en la zona del Aude, cuyos castillos, ciudades medievales y abadías son testimonio de un estilo de vida exterminado por la inquisición.
Los cátaros eran un grupo cristiano que vivió su fulgor y muerte entre los siglos XII y XIII, en pleno medievo. Entre otras cosas, no aceptaban el Antiguo Testamento, ni los sacramentos, ni la riqueza de la Iglesia ni la amenaza del infierno eterno.
Se enfrentaron al poder de Roma, se les declaró herejes en 1.165 y el Papa Inocencio III lanzó una cruzada contra ellos. Los cátaros querían un estado independiente de Francia, que abarcaba también parte de Cataluña, por eso la monarquía francesa apoyó la cruzada y la aprovechó para incorporar el Languedoc a su reino.
CARCASONA
Penetrar en el país cátaro es como volver al pasado por un mágico túnel del tiempo que desemboca en la ciudad de Carcasona.
Su antigua ciudad fortificada es la mayor y mejor conservada de la Europa medieval y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.
Nada más cruzar el puente levadizo y traspasar el umbrale su puerta principal llamada La Narbonesa, uno se siente transportado a la época de los trobadores. Sus coquetas y antiguas casas, así como sus callejuelas empedradas, albergan tiendas y encantadores restaurantes.
Recorriendo la calle Cros-Mayrevielle, dejando a la izquierda las concurridas plazas de Marcou y du Chateau, para llegar hasta el castillo Condal, protegido por una fosa.
Existen visitas guiadas en las que explican detalles, historia y anécdotas.
Se puede recorrer el camino que rodea las murallas, con torres cilíndricas por el interior y por el exterior con excelentes vistas panorámicas.
De noche es impresionante visitar la ciudad iluminada, pasando por la puerta del Aude, cruzando el río y, desde el puente nuevo se disfruta de una imagen del brillante conjunto amurallado.
LA RUTA DE LOS CASTILLOS Y ABADIAS
Dirigiéndose hacia el norte desde Carcasona se llega a Lastours, un conjunto de cuatro castillos edificados casi juntos sobre un promontorio.
Desviándonos al este, se llega a la gruta de Limousis con interesantes salas de estalactitas.
Si se coge el camino hacia el sur, se llega a la abadía de San Hilario, un conjunto con iglesia románica del siglo XIII, una nave gótica y un espectacular claustro del siglo XIV en forma de trapecio irregular. Se cuenta que fueron sus monjes quienes, en el año 1.531, inventaron la Blanqueta de Limoux, según dicen el vino espumoso más antiguo del mundo.
Pasando Limoux, se coge el desvío a la izquierda por la D-129, pasando las ruinas de Termes, se continúa hacia Villerouge-Termenès, rodeada de los viñedos del Castilo de Corvières, un castillo de los mejores conservados, con la particularidad de que es el único que no está situado sobre un peñasco, sino integrado en una villa.
Si se sigue hacia el sur, atravesando las gargantas de Galamus, se puede visitar el castillo de Peyrepertouse, ejemplo de arquitectura militar. A este castillo se accede a través de un sendero señalizado y media hora de camino. El otro castillo digno de visitar es el de Quéribus, mítico y último bastión cátaro que corona un abrupto peñasco de 729 metros.
Volviendo a Villerouge, al norte está la abadía de Fonfroide, fundada en el siglo XI por los benedictinos y más tarde cirterciense. Lo mejor es su claustro gótico.
La ciudad de Narbona atesora una importante herencia romana. En el barrio de la ciudad antigua, se puede visitar el Clos de Lombardía, el Horreum y su catedral medieval, San Justo.
Se organizan minicruceros fluviales por el canal del Midi, que atraviesa el Aude. En Castelnaudary , al oeste de Carcasona, se alquilan barcos muy fáciles de manejar.
DORMIR, COMER Y COMPRAR
El hotel de la Cité, en el corazón de la ciudadela de Carcasona, con un magnífico jardín y piscina.
El hotel Grand Guilhem, en el pueblo de Cascastel, es una mansión del siglo XIX con finca vitícola, grandes desayunos y cata gratuita de vinos.
El plato típico es el cassoulet, una especie de fabada hecha en cazuela de barro. Son deliciosos los platos de caza, sobre todo liebre y jabalí y el sauiquet de conejo. También los confits de oca y pato y los vinos.
En Carcasona, se pueden comprar tapices medievales, tejidos y ropa para la casa, vino, joyas y bisutería. En Limoux hay una granja de flores donde las venden secas y frescas y en Lagrase, un taller de artesanía y esculturas.
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